Salida desde la Plaza Mayor y bordeando el convento de Las Petras (San Pedro Justiniano) por la calle Pilares se cruza la Fundación Saura y se desciende por la Bajada a las Angustias, singular y sorprendente escalinata abierta en la roca que conduce a unos de los lugares más entrañables y queridos de la ciudad: la ermita de la Virgen de las Angustias. La vinculación con la Semana Santa, la belleza del rincón, la paz y sosiego que emana de este santuario natural, convierten la ermita en un espacio de devoción religiosa y elección para la celebración del vínculo matrimonial.
La actual ermita es obra de Martín de Aldehuela (siglo XVIII), excepto la portada, datada en el siglo XVII. Este espacio nos deleita también como mirador sobre el Júcar, al fondo el agua verde y ante nosotros el espectáculo de las formaciones calizas.
En las proximidades el que fuera el convento de los Franciscanos Descalzos, su solitaria cruz nos recuerda la leyenda de Don Diego y Doña Diana, en realidad, el diablo transformado en mujer, que a través de los encantos femeninos, arrastra a Don Diego hacia no se sabe bien qué rebeldías, pero que en último término, el abrazo a la cruz le salva al descubrir que aquellas curvas no eran más que el disfraz del maligno.
Regresando sobre nuestros pasos se llega a la calle de las Armas y a la Iglesia de San Miguel, si en sus orígenes fue románica -conserva un ábside de la época- en la actualidad destaca por la calidad de su sonoridad y su contribución a las Semanas de Música Religiosa y otras audiciones. Desde el atrio, otro espléndido panorama sobre el Júcar: los edificios de la Merced y del Seminario destacan sobre el resto de construcciones asomadas a al hoz. Recorriendo el barrio de San Miguel y ascendiendo por la escalinata se llega al "Rincón de Barreda". El arco ojival conduce a la anteplaza y pasando bajo el Ayuntamiento se regresa a la Plaza Mayor.
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